30 de abril de 2011

Sobrevivir en el mundo Real


Ya, ya sé que llevo días sin escribir, pero he estado muy liada. Volando, saliendo, comprando, leyendo, futboleando, bodeando, peliculeando (como ahora la moda es añadir ing a cualquier palabra para darle un toque más cool, pues yo las hago gerundias, por ser más castiza).

Ya estoy de vuelta. Fui al Santiago Bernabeu, que no  es un local de moda de Madrid, sino el Estadio de fútbol en el que puedes ver al Real Madrid jugando, o no jugando. Según el planteamiento del entrenador. Aquel día en cuestión fui a verlos no jugar, y disfruté de una obra de teatro barcelonista, ¡fue completita la noche! Fue un espectáculo diferente, criticable o no, espectáculo hubo. Fútbol no. La derrota me afectó, hasta después de haberme tomado dos vinos en muy buena compañía, entonces ya se me pasó, y regresé a mi mundo real (no al del Real).

Había mucha gente en el campo, pero por no cotillear más de la cuenta, sólo diré que vi a Sara Carbonero, muy mona, muy delgada, muy guapa, muy poco alta… creo que vestía de Mango, esa falda me sonaba… ¡comparte a Iker!, grité en mi imaginación, pero callé, por respeto a la multitud mosqueada.

Dos días antes de este partido estaba yo calentando motores en una terraza frente al mar, vino en mano y libro en la otra, desde que dejé de fumar ya no me faltan manos (voy a por el octavo mes, ¡bien por mí!,¡bien por mis kilos de más!), y ocurrió algo gracioso, no sorprendente, sino gracioso. Elegí la única mesa que había libre en la terraza, y al sentarme me percaté del atractivo ser humano que había sentado en la mesa de al lado (ser humano mientras no se demuestre lo contrario). Maldije el momento en el que había dejado colgado en el armario de mi habitación del hotel mi vestido favorito, y mientras pensaba en él (en el vestido), observé el brillito delator en su dedo anular. La música nupcial dejó de sonar en mi cabeza, la película que me había montado se acabó, y mi sonrisa emocionada se resignó. Pedí mi vino, y regresé a la lectura. Minutos después, el ser humano en cuestión se plantó delante de mí, y me preguntó por mi libro, yo le contesté educadamente, incluso siendo simpática, cuando sé que no hay posibilidad de ligar me relajo y la vergüenza desaparece. Se sentó sin pedir permiso (no es que la silla fuera mía) y empezó a hablarme de él, ¿quién le preguntó?, nadie. De repente la sorpresa: ¡no había anillo!, quería reírme pero me pareció un poco grosero, dejé que me soltara su rollo, acabé con mi copa de vino, y le regalé un par de frasecitas irónicas (que creo que no entendió)
¿Cenamos luego?, me preguntó con esa mirada del que se sabe guapo (¡qué pereza!, pensé yo), fenomenal, contesté, ¿vienes con tu mujer?, lo digo para llevar a alguien… se miró el dedo instintivamente, me miró de nuevo y enmudeció. Encantada, le dije despidiéndome, es mucho mejor no quitarte el anillo, así sólo mientes a una, hasta luego… y me fui. Entonces el ser humano se convirtió en hombre, en la vida todo es cuestión de tiempo…

El público se levantó y aplaudió la escena, Morricone se subió a una mesa para dirigir a su orquesta, el vestuario fue definitivamente el adecuado… la realidad volvió a superar a la ficción. ¡Caray Daniela!, diría mi madre, ¡es que montas una película de cualquier cosa!... me lo ponen a huevo mamá, le contestaría ahora…

Sí, sigo en mi andadura por el mundo de la soltería. Se está bien cuando asumes tu papel: no tienes ni marido ni hijos, así que en la familia tienes el último turno para todo, primero los hijos con nietos, después los maridos, después las mujeres de los hijos, después los solteros no emancipados, después el resto… para las amigas, casi todas casadas, llamarte es una válvula de escape, sus llamadas son generalmente de desahogo, tienen su vida, y tú formas parte del divertimento, de la no responsabilidad… la locura diría yo… y cuando conoces a alguien y contestas que eres soltera, instintivamente sientes una mirada que te recorre de arriba abajo, buscando cualquier anomalía, unas antenas verdes, un garfio en lugar de una mano, lo que sea, y al no encontrar nada deciden que no debes de estar bien de la cabeza. Así que juego a estar pirada, pues no está una para esforzarse en caer bien… ¡paaaso!

Me encontré con dos amigas de mi ex-compañía paseando por el Barrio Salamanca. Me hizo ilusión, hace ilusión cuando te reencuentras con gente del pasado y te saluda con la misma sonrisa sincera que tú les saludas. Me gustó verlas tan guapas, tan rubitas y tan lindas como antaño, los años no pasan para algunas. Bueno ellas se casaron y son madres… así que entiendo que la estancada soy yo ¡Cachis!

Descubro que la nueva princesa de Inglaterra se llama Catalina, como una perrita que yo tuve, todo son señales. Ahora pienso que quiero un perro. Pero soy azafata, soltera y sin jardín. Complicado tener un perro. ¿Por qué todo es tan complicado?, ¡jope!, Catalina antes de ser Catalina era Kate, y desde pequeña tenía una foto de su actual príncipe colgada en su room… ¡y se casó con él! ¿Quién dice que los sueños de princesa no se cumplen?...

Me despido con una pregunta que me intriga: ¿qué foto habría en la habitación de Letizia?, ¿la del Príncipe Felipe?, ¿la de Rania?...
¡Qué complicado es todo!...

16 de abril de 2011

¿Amigos en el trabajo?, ¿trabajando con mis amigos?


Durante el vuelo trabajamos, sí, damos bebidas, comidas, venta a bordo, almohadas (escasas en tiempos de crisis), más bebidas, más comidas, más basura acumulada en las papeleras, algún despistado que por confusión se enciende un pitillo en el baño, y… ¡se acabó! A veces el descenso llega pronto, en otras ocasiones tarda un poco más; los pasajeros ya están saturados de pedir, y nosotros atenuamos las luces de la cabina para incitar así al descanso colectivo, subiendo el volumen de la banda sonora del vuelo, compuesta por el ruido de motores, y el inevitable acompañamiento de los ronquidos desvergonzados.
Es en este momento en el que nos escondemos en nuestros rincones, y nos dedicamos a leer, a hacer sudokus, a rellenar informes, o a hablar. Nos encanta hablar. Disfrutamos hablando, de lo que sea, de todo y de nada. Pero hay que hablar, es indispensable. Hay dos temas favoritos: los rumores de las novedades de la compañía y sobretodo hablar de las personas que no están presentes. Esto es España, no sé  de qué se sorprenden muchos.

Hay una frase que a mí me han dicho muchas veces: ¿y tú?, nunca cuentas nada… y yo sonrío, y contesto que no importa, pues ya cuentan los demás, y que si aborrezco hablar de mi vida, no seré yo la que hable de los demás. Pero no importa, porque generalmente el compañero en cuestión sigue con sus confesiones sin importarle el interés que yo pueda tener. Y tengo interés, de verdad que lo tengo… casi siempre.

Hubo un estudio (diré que realizado por la NASA, que impone más), en el que se hablaba acerca de las razones que llevaban a los tripulantes a besarse cada vez que se encontraban por los aeropuertos o en los aviones (entendiendo por besarse el saludo español de beso en mejilla, no nos desviemos). Y la razón no era otra que la falta de arraigo que sufrimos los trabajadores, pues tanto ir y venir hace que los aviones se conviertan en nuestros hogares y que los tripulantes acaben convirtiéndose en parte de nuestras familias.
Y esta reflexión me ha hecho pensar (¡milagro!), pues me resulta curioso que estando fuera de casa, ya sea pasando horas encerrada en un avión o paseando por cualquier ciudad, se cree un grupo de amigos formado por compañeros de trabajo, teniendo en un tiempo récord la confianza necesaria para hablar, hasta de cosas de las que a lo mejor no hablaríamos con un amigo íntimo. Al regresar, después de los días compartidos, el vínculo se rompe, pero no con pena o rabia, sino con normalidad y tranquilidad, y todo lo creado y compartido se guarda en algún rincón secreto de nuestra memoria, y sólo se revivirá cuando el destino y/o las programaciones de vuelos nos vuelvan a juntar para compartir más días juntos. A veces pasa una semana, pero lo normal es que pase un mes, o incluso un año… y esos secretos, sin embargo, sí que están a salvo, pues son conversaciones protegidas por la complicidad creada en un momento determinado. Aunque hay decepciones, ¿cómo no va a haberlas?, si hay personas implicadas las posibilidades de una decepción aumentan; aunque con el tiempo uno aprende a regalar su confianza, y se descubren las garras del lobo bajo la piel de cordero en el primer encuentro, aunque no sea lo normal, pero hay que estar preparado. ¿Decepciones?, sí, claro que ha habido, pero no, no hablaré de ello, ahora no.

Curioso este mundo de los secretos compartidos. Si sentáramos a un psicoterapeuta en la fila uno de cada avión, se haría de oro. Y no, no porque nosotros tengamos más necesidad de terapias, sino porque la nuestra es una oficina por la que cada mañana pasan personas diferentes, aunque el uniforme nos haga a todos iguales, y cada día sea una aventura en la que tenemos que lidiar con una nueva patología, crisis emocional, crisis de identidad, emociones desconocidas…

Es algo así como el cuento de la rana (¿o era un sapo?) y el príncipe,; después del beso nunca sabes lo que va a pasar; nosotros, aunque sin beso de amor de por medio, tampoco sabemos lo que ocurrirá cuando nuestro confidente se quite el uniforme (referido a cambio de ropa, no a desnudez) y se tranforme en otra persona, es en ese momento cuando el vínculo creado se puede convertir en algo más importante; por ejemplo una nueva amistad, sin importar los meses o años que pasen hasta un nuevo encuentro, pues estas relaciones sobreviven al paso del tiempo.
Y son estos los días en los que siempre soy sorprendida, con un anillo de boda, la foto de un hijo nuevo, una separación acompañada de una nueva unión, la inauguración de un negocio… todos cambian, siempre hay algo nuevo en sus vidas, algo que quieren compartir conmigo, ¿y tú qué?, me preguntan, ¿yo?, nada nuevo, yo sigo igual... puede que no me gusten los cambios, cuando todo va bien, ¿por qué cambiar?… ya cambian los demás por mi.

Después de tantos años, ya no hay mucho tiempo para nuevos amigos, pero es lindo descubrir que algunos siguen estando ahí, a pesar de los años… algo tendrá este mundo en el que nos saludamos con besos y abrazos…

¿Y si hablan de vosotros?, ¡qué más da!, lo mejor es no desmentir nunca nada, si la multitud quiere morbo, ¿por qué no dárselo?... envidian vuestras vidas, las suyas son aburridas… no les culpéis…


8 de abril de 2011

Autoromance


He estado por allí arriba unos días. No, no he estado volando, ni paseando por los aviones, simplemente: allí arriba. Puede que los dolorosos zapatitos de tacón me hayan ayudado a mantenerme alejada de la Tierra, pero ha sido mi cabeza la que ha tomado la decisión de tomarse un descanso, dejar de funcionar, parar. Y si ella para, yo paro.

Mientras tanto…

Estuve en Palma de Mallorca, linda isla donde todo empezó tiempo atrás; cuando los aviones dejaron de ser un sinónimo de vacaciones, para convertirse en una ocupación, una obligación, una escapatoria, una forma de vida. Mi vida. La isla, donde es imposible pasear por la calle sin encontrarte con algún conocido desconocido, o un desconocido conocido (el orden de los factores ¿altera el encuentro?). Y así fue. Paseíto arriba, paseíto abajo y me encontré con alguien del pasado. Nunca he sabido cuando emplear “me encontré con alguien del pasado” o “me reencontré con alguien del pasado”. Nos encontramos.

Algunos dicen que el pasado está ahí para recordarnos quiénes fuimos un día. Yo creo que el pasado está ahí para recordarnos lo que dejamos de ser… es una frase rara, lo sé, pero yo no soy muy común en mis razonamientos. Welcome on board!

Es curiosa la memoria, guardamos nombres y apellidos de personas a las que ni siquiera ponemos cara, aún habiendo compartido momentos de intimidad (no todo es sexual en esta frase), confidencias, ilusiones... Hablamos de mucha gente, de nuestros días compartidos en la Compañía que tantos momentos buenos me regaló… y ambos estuvimos de acuerdo en que gracias a madrileños por el Mundo, españoles por el Mundo, mallorquines por el Mundo, valencianos por el Mundo… podemos saber qué ha sido de muchos de los que se han tenido que ir lejos de mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, para poder trabajar en aquello que les gusta. Bueno gracias a estos programas y a las redes sociales, para que engañarnos. Hablamos y hablamos, razonó acerca de las distintas teorías por las que yo seguía soltera (no le pedí tal razonamiento), y sutilmente cambié de tema comentando su tercera separación, pero no razoné acerca de ello, no soy tan osada… cada loco con su tema. Prefiero mi soltería, las rupturas emocionales no se me dan bien. Aunque me ayuden a perder peso.

Sigo en las nubes, pero sé que estoy volviendo poco a poco a mi realidad…
  
Regreso a mi hogar, ha llegado el verano de repente, o ha llegado la primavera algo veraniega. Me pongo contenta de inmediato. Hablo con un amigo acerca de la vida, de los cambios… terminamos la conversación y me da un último consejo: necesitas un autoromance. Cuelgo el teléfono. Estoy flipando…

¿Qué se supone que debo de hacer ahora? Dudo. No sé si lanzarme a las calles en busca de un Sex Shop, o enfocar el autoromance de otra manera. Sigo dudando. Decido que no encontraré mucho romanticismo en el Sex Shop (¿por qué lo escribo con mayúsculas?), así que elijo la alternativa: preparo velas, incienso y música. Abro LA botella de vino. Me preparo mi cena preferida. Y disfruto hasta tal punto que creo que me estoy sonrojando, creo que lo he conseguido. ¿Me estaré enamorando de mí?, ¿a estas alturas?, ¿será esto un rollo de una noche?... No hay marcha atrás, esto es el principio de algo, lo sé, no se trata sólo de un autoromance, y aunque no sé hasta cuando durará, creo que debo arriesgarme… miedo me doy. Que yo cuando me enamoro, pierdo la cordura. Aviso.

Me voy a la cama, hacía tiempo que no me sentía tan bien, tan feliz, tan tranquila. Esto de las historias de amor es algo maravilloso, cuando crees que nada puede sorprenderte… ¡zas!, descubres el autoromance y las mariposillas vuelven a revolotear…


¡Ay! Suspiro antes de apagar la luz. Me duermo.