8 de abril de 2011

Autoromance


He estado por allí arriba unos días. No, no he estado volando, ni paseando por los aviones, simplemente: allí arriba. Puede que los dolorosos zapatitos de tacón me hayan ayudado a mantenerme alejada de la Tierra, pero ha sido mi cabeza la que ha tomado la decisión de tomarse un descanso, dejar de funcionar, parar. Y si ella para, yo paro.

Mientras tanto…

Estuve en Palma de Mallorca, linda isla donde todo empezó tiempo atrás; cuando los aviones dejaron de ser un sinónimo de vacaciones, para convertirse en una ocupación, una obligación, una escapatoria, una forma de vida. Mi vida. La isla, donde es imposible pasear por la calle sin encontrarte con algún conocido desconocido, o un desconocido conocido (el orden de los factores ¿altera el encuentro?). Y así fue. Paseíto arriba, paseíto abajo y me encontré con alguien del pasado. Nunca he sabido cuando emplear “me encontré con alguien del pasado” o “me reencontré con alguien del pasado”. Nos encontramos.

Algunos dicen que el pasado está ahí para recordarnos quiénes fuimos un día. Yo creo que el pasado está ahí para recordarnos lo que dejamos de ser… es una frase rara, lo sé, pero yo no soy muy común en mis razonamientos. Welcome on board!

Es curiosa la memoria, guardamos nombres y apellidos de personas a las que ni siquiera ponemos cara, aún habiendo compartido momentos de intimidad (no todo es sexual en esta frase), confidencias, ilusiones... Hablamos de mucha gente, de nuestros días compartidos en la Compañía que tantos momentos buenos me regaló… y ambos estuvimos de acuerdo en que gracias a madrileños por el Mundo, españoles por el Mundo, mallorquines por el Mundo, valencianos por el Mundo… podemos saber qué ha sido de muchos de los que se han tenido que ir lejos de mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, para poder trabajar en aquello que les gusta. Bueno gracias a estos programas y a las redes sociales, para que engañarnos. Hablamos y hablamos, razonó acerca de las distintas teorías por las que yo seguía soltera (no le pedí tal razonamiento), y sutilmente cambié de tema comentando su tercera separación, pero no razoné acerca de ello, no soy tan osada… cada loco con su tema. Prefiero mi soltería, las rupturas emocionales no se me dan bien. Aunque me ayuden a perder peso.

Sigo en las nubes, pero sé que estoy volviendo poco a poco a mi realidad…
  
Regreso a mi hogar, ha llegado el verano de repente, o ha llegado la primavera algo veraniega. Me pongo contenta de inmediato. Hablo con un amigo acerca de la vida, de los cambios… terminamos la conversación y me da un último consejo: necesitas un autoromance. Cuelgo el teléfono. Estoy flipando…

¿Qué se supone que debo de hacer ahora? Dudo. No sé si lanzarme a las calles en busca de un Sex Shop, o enfocar el autoromance de otra manera. Sigo dudando. Decido que no encontraré mucho romanticismo en el Sex Shop (¿por qué lo escribo con mayúsculas?), así que elijo la alternativa: preparo velas, incienso y música. Abro LA botella de vino. Me preparo mi cena preferida. Y disfruto hasta tal punto que creo que me estoy sonrojando, creo que lo he conseguido. ¿Me estaré enamorando de mí?, ¿a estas alturas?, ¿será esto un rollo de una noche?... No hay marcha atrás, esto es el principio de algo, lo sé, no se trata sólo de un autoromance, y aunque no sé hasta cuando durará, creo que debo arriesgarme… miedo me doy. Que yo cuando me enamoro, pierdo la cordura. Aviso.

Me voy a la cama, hacía tiempo que no me sentía tan bien, tan feliz, tan tranquila. Esto de las historias de amor es algo maravilloso, cuando crees que nada puede sorprenderte… ¡zas!, descubres el autoromance y las mariposillas vuelven a revolotear…


¡Ay! Suspiro antes de apagar la luz. Me duermo.

1 comentario:

caobania dijo...

comparto contigo esa reflexión de que el pasado nos recuerda lo que dejamos de ser.. interesante...