26 de agosto de 2011

Señores pasajeros, muchas gracias

“Ha sido un placer volar con usted, espero verla más a menudo,” así se despidió un pasajero en una ocasión. Me bajé del avión encantada, ¡bien hecho Daniela!, llegué a casa, me puse mis mejores galas, y un par de horas después ya estaba disfrutando de mi primer gin de la noche con mis amigos. Cuando de repente, ¡sorpresa!, el pasajero en cuestión se planta junto a mí en la barra, me mira de reojo, pide su copazo (hay copas, copitas, o copazos), y me vuelve a mirar… “perdona, pero es que me suena mucho tu cara, ¿nos conocemos?”, fingí la mejor de mis sonrisas, “no, creo que no, lo siento”, y regresé cabizbaja con mi grupo de amigos. Tres horas habían pasado, ¡tres horas!, y ya se había olvidado de mí... ¿espero volver a verla?, ¡mentiroso!...

Moraleja: los pasajeros tienen mala memoria.

Hay un catálogo tan extenso de frases en el Mundo de la aviación que cuesta elegir los mejores momentos (vividos o robados). Este primero es un claro ejemplo de lo poco que dura la emoción de hacer un trabajo bien hecho. Y por trabajo se entiende, servir, sonreír, y seguir sirviendo. A sus pies mi cliente… le haré creer que usted siempre tiene la razón.

Cuando hace unos días hablé acerca de recordar anécdotas vividas en los aviones, una amiga me recordó una que extrañamente no recordaba, “¿te acuerdas de la del murito?”, me dijo… y después de darme un par de pistas, me acordé. “¿Cómo había podido olvidarla?, ¿cómo pude olvidar a aquélla familia?”... viajaban por primera vez a las Islas Canarias, una hora después del despegue nos llaman con cara de emoción, “¿dígame señor?”, y el señor en cuestión, muy educado pide que por favor los avisemos al llegar al murito, “¿murito?, ¿qué murito?” (are we flying to Berlín?), “sí, sí, el murito”, dice convencido, coge la revista del asiento delantero, busca el mapa de España, y señala la delgada línea que se dibuja en los mapas para acercar las mencionadas Islas a la península… sorpresa (no te rías, no te rías, no te rías…), el problema no es si reírse o no, el problemas es cómo le explicas a esa persona el por qué del no-murito… y  yo, profesional dónde las haya, me disculpé y me fui a buscar a la Jefa de Cabina del vuelo para que atendiera al señor de la fila 16… la explicación que le dio no la recuerdo, o puede que no quiera recordarla. Era una familia entrañable, hay preguntas que enternecen a cualquiera.

Moraleja: los mapas tienen trampa.

Tenemos que ser agradables, hasta cuando el insulto se planta a pocos centímetros de nuestra maquillada cara. Puta puede ser un insulto o una profesión, yo considero que es un insulto cuando estás vestida de uniforme, trabajando en un avión. Puta-guantazo. Acción-reacción. Pero no, no puede ser… ¿o sí? En aquél momento la reacción aguantó al guantazo y se conformó con un simple: fuck you! Insultar en otro idioma parece menos grave. Y ser insultado sin razón no merece una respuesta o enfado… somos culpables de lo que no somos culpables, es parte de nuestro trabajo… Me contengo, intento que la última palabra no sea la mía, pero a veces es imposible, nos lo ponen fácil para caer en la tentación, y la respuesta es inevitable.

Recuerdo un vuelo en el que después del aterrizaje, una pasajera abandonó el avión dando tumbos, diría que iba borracha, pero sería más gráfico decir que llevaba un pedo que no se mantenía en pie. Minutos después de abandonar el avión vuelve a toda velocidad (casi rodando creo recordar), “¿olvidó el brindis de la despedida?”, pensé intrigada. Saludó mirando al horizonte, y sin responder a mi interés por saber qué quería, se dirigió a su asiento abrió el bin (maletero-compartimiento superior) y sacó una sillita de bebé (rebautizada por la nueva generación de madres como maxi-cosi), yo recé en silencio porque fuera vacía. Mis plegarias no fueron atendidas, allí estaba su bebé, mirando alucinado a su alrededor… nos quedamos todos tan alucinados que no dijimos nada, el Comandante me miró con cara de pocos amigos (a veces “los de delante” piden explicaciones ilógicas), y la señora se esfumó. Con su bebé y con su pedo…

Moraleja: si bebes, no viajes con bebés.

Lo del zumo de tomate es para escribir un capítulo entero (prometo hacerlo), pues nunca he entendido por qué hay personas que beben zumo de tomate SÓLO cuando suben al avión. “¿Lo quiere preparado?”, preguntamos, “sí”, contestan. Sin saber qué significa la pregunta, pero claro, no se suben a un avión para encima tener que prepararse ellos la bebida…

Moraleja: la mancha de zumo de tomate es difícil de limpiar, yo aviso.

Hay un compañero al que no puedo olvidar por una frase memorable. Fila 25 ó 26, vuelo a Las Palmas de Gran Canaria, pasajera con bandeja de comida, carne estofada con patatas (por definirlo de alguna manera), se gira buscando al compañero en cuestión, “disculpe, es que la patata está mala”, el compañero en cuestión coge la patata, la mira intrigado, y le dice (a la patata): “patata mala, mala patata”, devuelve la patata a su plato anhelado, “ahora patata buena”, añade, sonríe y sigue su camino. No hubo respuesta. Hay situaciones que nos dejan sin palabras…  

Moraleja: ¿somos lo que comemos?

Hay frases que sacadas de contexto son simplemente: extraordinarias… “Disculpe, es que vengo empalmado de Palma y no tuve tiempo… ¿me calentás la mamadera?”, ¿ofende que nos digan algo así?, seamos justos, a nosotros también nos pasan por alto algunos detalles: "Señores pajeros, bienvenidos a bordo..." (hablar por el micrófono a la multitud no es fácil, y menos la primera vez...)

Moraleja: Un fuck you! a tiempo puede ser una victoria…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajajajajajajaja!!!!!

Anónimo dijo...

Jajajaja x favor sigue así jejeje las cosas q pasan por ahí arriba deben de ser para escribir enciclopedias!!

silvianochesenblanco dijo...

Que rato más bueno me has hecho pasar,jaja, lo de la patata es genial!!

Anónimo dijo...

Aun recuerdo el 4º salto de un canarias con coletilla en el que pregunto a uno de los pasajeros de las ultimas filas de un A320:
- ¿desea tomar algo de la carta menu?
- Una torrija
- ¿Perdone?
- Una torrija
- Disculpe señor, es que no le he entendido bien ¿que le apetece tomar?
- Una torrija
- Mire, disculpe...ahora mismo no disponemos de torrijas en la carta menu, pero yo se lo sugiero al catering junto con leche frita.
¿Le apetece algo que este en la carta?

(pasajero de al lado doblado en el asiento de la risa)

- Señorita una TONICAAAAAA!!!

Se la tuvo que poner mi compañero...yo no podia de la risa.

Moraleja: tantos años de cono de cola del MD provocan sordera.


PD: me encantan tus historias!! solo queria aportar un trocito de mis anécdotas por las nubes. :))