6 de enero de 2012

Somos azafatas, ¿estamos de moda?

¡Estoy aquí! Sé que llevo un tiempo con este rincón abandonado, pero como no quiero inventar excusas diré lo que digo siempre: lo siento, he estado volando sin parar.

Sé que la vida es caprichosa, casi tanto como lo es el destino, ¿será que tienen mucho en común vida y destino? Comentaba yo el otro día con unas amigas el estreno de una nueva serie de televisión (no digo el nombre porque la serie es americana y miedo tengo a ser demandada por cualquier palabra mal dicha, sólo diré que empieza por PAN y acaba por AM, no digo más). Se cuentan en esta telenovela (llamemos a las cosas por su nombre) historias acerca de la vida de las azafatas, o sea de nuestra vida. Puede que no tenga mucha semejanza con la realidad de hoy día, pues está ambientada algunas décadas atrás en el tiempo (y en el espacio...), no, algunas no habíamos nacido aún. Y evidentemente poco tiene que ver con la vida que hoy día vivimos on board (¡ay!, estas coletillas tan nuestras…).

Pero por llevar la contraria al resto de mi grupo de amigas, diré que tampoco difiere tanto de la realidad, todo es según de los puntos de vista que tengamos. Algo tiene esta profesión en la que la nostalgia de tiempos pasados siempre está presente en nuestras conversaciones, y soñamos sin querer queriendo (¡tremendo juego de palabras!) con lo que nos gustaría que volviera a ser...
Nos vamos a poner de moda, dije yo con la chulería que mi ciudad me otorga, y no me equivoqué...

No sé si las modelos se enfundarán en uniformes en la próxima semana de la moda que se aventure a experimentar, ni tampoco creo que a estas alturas nos ganemos el respeto de aquéllos que nunca nos respetaron... Pero lo cierto es que en tiempos como éste, en los que todos necesitamos dejar volar (que apropiado) nuestra imaginación, algunas nos miramos de reojo y nos sentimos estrellas por un instante. Me pregunto si los que nos miran harán lo que yo hago cuando miro a mi alrededor, si imaginarán cómo es mi vida. No lo sé, pero lo que tengo claro es que al menos una de esas personas anónimas que nos observa sin disimulo desearía estar metida en nuestros uniformes, despegar de su rutina y volar hacia cualquier destino que le haga imaginar una vida soñada. Esa vida que creen que tenemos gracias a lo que de nosotras cuentan series como ésta de la que hablo...

No pretendo creerme la estrella de la fiesta, pero no nos engañemos, muchos intentamos (me incluyo) encontrar nuestra historia en las vidas ajenas, inventadas o no... Pues si hay que sincerarse confesaré que yo  me imaginé ebria bailando dentro de la Fontana de Trevi (véase mi sueño en la Dolce Vita), y también viajé a Africa para empezar una nueva vida (Memorias de Africa), y no hablo de Pretty Woman porque es complicado de explicar... Las historias se inventan para hacernos soñar con otras vidas, y desde Café, Té o yo, hay un antes y un después en nuestras profesiones.

Esta es la razón por la que creo que debemos creer que somos importantes; por el simple hecho de que hay personas que sueñan con llevar la vida que creen que llevamos (repito: que creen que llevamos), o simplemente porque alguien ha encontrado algo interesante en este mundo para ser contado... Por el simple hecho de lucir un uniforme, entrar en los hoteles como si fueran nuestros, pasear por el pasillo de un avión con seguridad y perdernos por los aeropuertos aún pareciendo que son nuestra segunda casa...
Puede que la ficción nos haya presentado un mundo que ahora parece irreal... Pero no nos engañemos, es un mundo que existió, y no hace tanto de ello, y quiero creer que algo debe de quedar de aquéllos días de glamour y encanto.
A veces creer mucho en algo hace que se haga realidad…

Somos lo que mostramos, así que sigamos mostrando al mundo la esencia de este Universo en el que vivimos, aunque siempre hablemos de él con nostalgia...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Las azafatas nunca pasaréis de moda porque sois un simbolo de la época dorada de la aviación. Una época donde el piloto era un ser sobrenatural, el volar una aventura en sí y las azafatas puro glamour con forma de uniforme. Disfruta de tu trabajo (que seguro que lo haces) porque a veces se valoran las cosas más desde fuera que desde dentro. Cuídate, César.