6 de febrero de 2012

Ser tripulante, visitar USA y regresar con vida a casa.

En esta semana ha habido más de una persona (creo que han sido tres exactamente), que me han preguntado por qué razón no escribo con más asiduidad. Pues verán ustedes a veces trabajo, a veces descanso y en ocasiones incluso tengo vida personal, raro, lo sé. Pero lo que es, es. Y todo esto limita mucho mi tiempo de escritura. Pero yo siempre vuelvo, los que me conocéis lo sabéis y los que no pues ya lo aprenderéis…

En estos últimos días de tristeza contagiada he intentado hacer lo único que sé hacer: hablar y abrazar para animar, dar fuerzas para intentar convencer de algo en lo que creo firmemente: hay que mirar de frente a la vida, cara a cara, y no tener miedo a dar un paso más, sino seguir creyendo en nosotros sin dejar de hacer lo que nos gusta hacer. Y por eso estoy aquí, haciendo lo que me gusta hacer e inventando palabras para intentar regalar una sonrisa virtual, para intentar alejar a la tristeza de nuestros despertares. Todo pasa, todo, y mientras tanto nos hacemos personas…

He llegado de Estados Unidos, de USA para ser más exacta (es lo mismo, lo sé, ¿pero no queda mejor?), y durante el vuelo tuve un largo rato para escribir, no es que no cumpliera con mis obligaciones, un respeto por favor, simplemente aproveché el ratito en el que los pasajeros, léase pax, dormían para darle al papel y al boli. Y lo digo literalmente, pues en el día en el que partí rumbo al Nuevo Mundo estaba algo acelerada (no pregunten, no pregunten), y me olvidé el ordenador en mi casita. No tendría importancia este hecho sino fuera porque la consecuencia directa de esto es que ahora tengo delante de mí el folio escrito durante aquélla noche y cuya redacción estoy segura que no entendería ni el último Premio Nobel en Medicina…
Culparé a la inestabilidad de mi pulso allá arriba…

En más de una ocasión me han pedido que hable más de aviación y menos de gilipolleces (me rodeo de personas sinceras), pues aquí está Daniela para servirles a ustedes, a los pasajeros y a mi País, ¡Viva España, caramba! (¡maldito Jet Lag, abandona mi cuerpo!). Sigo leyendo el folio en cuestión y veo un párrafo en el que parece que mi letra sufrió un leve desmayo, pienso en las turbulencias, pero soy honesta conmigo misma: tengo un boñigo de letra que no descifrarían ni los más entendidos. Entendidos en caligrafía no en boñigos, está claro.

Si tengo que hablar de nuestro Mundo, y de algo ocurrido en mi último vuelo, imagino que lo único que a ustedes les puede interesar (¿por qué hablo hoy de usted?, ¿tanto me he distanciado de mis lectores?), pues no es otra cosa que la tranquila experiencia de volar como tripulante, viajar a USA y no morir en el intento. No ser ejecutado, vaya.

Tenemos visados especiales de Tripulantes (con mayúsculas porque me estoy viniendo arriba), previa cita en la Embajada (con mayúsculas porque sino recibo un toque de atención), entrevista, otra entrevista y después de hacerte quince fotos hasta que una de ellas sirva, conseguimos ser bienvenidos en los Estados Unidos de América (God bless us all!). Y así aterrizamos en suelo americano, con más papeles escritos, firmados, sellados y autorizados que en cualquier otro lugar del Planeta, con todo en regla y aún así sintiéndonos unos criminales sólo por la tierna mirada del Officer al que encomendamos nuestras almas nada más aterrizar. Prohibido abrir la puerta del avión hasta que nos autoricen a ello, prohibido hablar por el teléfono móvil en su presencia, prohibido mostrar en el pasaporte una foto con una sola oreja a la vista o con pendientes llamativos, prohibido sonreír, prohibido llorar. Allí, no hay excusas que valgan, básicamente a estas personas humanas les da bastante igual que seas hija del Presidente y que pertenezcas a la tribu gótica, dórica o corintia más de moda del momento. No sonrías y punto. Y por supuesto, la regla más importante: prohibido tener comida a bordo después de aterrizar, no, no consiste en zampar como bestias durante el descenso, si queda comida a bordo antes de aterrizar hay que tirarla y punto (una vergüenza, lo sé, pero vaya a ser que traigamos algún alimento “infectado” desde nuestro tercermundista country, estoy siendo irónica, of course). Todo a la basura. Y cuando digo todo: es todo. Porque puede ocurrir lo peor en caso de que algún alimento se quede bailoteando en algún rincón olvidado. A mí me pasó, otra vez soy protagonista de lo que escribo. Olvidé un limón en la nevera, me tocó el Officer más tocapelotas de todos los States, y volaba aquél día con un comandante que nos hacía cantar el himno americano mano en pecho nada más llegar a ese país. Y no estoy exagerando… era un motivado del american way of life…

Resumo, todo lo que pueda resumir aquélla experiencia con la única intención de ser leída y aprendida por aquéllos que vuelen a partir de hoy. Cualquier precaución es buena… y aquí llega mi historia: subió el Officer después de aterrizar aquélla noche, investigó mi galley (cocinita por si aún no lo he aclarado) y cuando ya mostraba yo mi sonrisa orgullosa de “no me vas a pillar”, ¡zas!, ahí estaba, observándonos desde un lejano rincón de la nevera, tembloroso diría yo, allí estaba aquél limón luciendo brillo y color como si acabara de ser arrancado del limonero. El Officer me miró de reojo, miró el limón, miró al Comandante que me miró a mí con cara de haba (ya que hablamos de comida), mientras el segundo le ponía caritas de play-boy de tres al cuarto a una azafata con uniforme y piernas inspirados en la ya comentada serie de Pan Am, que paseaba por la pista con la seguridad de ser la dueña del aeropuerto. Yo miré al limón con naturalidad, como si fuera lo más normal del Mundo entrar en los States con un limón procedente de Spain… ¡qué cosas tengo!
Después de este instante todo sucede muy rápido en mi memoria, pero en aquél momento fue leeento, muuuuy leeeento… el Officer miró a su colega que esperaba a pie de avión vigilando la entrada y salida al aparato, con un sutil gesto le indicó algo desconocido para nosotros, pero recuerdo pensar ¿cuarentena?, ¡no me jo…!, segundos después llega el colega en cuestión con una bolsita perfectamente organizada, perfectamente profesional y perfecta para hacer de extra en CSI, y saca una bolsa de dentro de la bolsa, y después una funda de dentro de esta segunda bolsa y por fin podemos ver el aparato en cuestión. Si hubiera sido una pregunta del Trivial diría que era una lupa, pero como no se me permitía ni hablar, ni sonreír, ni respirar, no dije ni mu. Miré y me callé. Y sí, el Comandante seguía ahí, hablando en un inglés rarísimo a mi enemigo, que lo ignoraba (o puede que no lo entendiera, no sé yo). Y con su extraño artilugio (¡era una lupa!) empezó a investigar toda la piel celulítica del limoncito indefenso, ¿qué buscaba?, ¡yo qué sé!, un misil Tomahawk quizás… nunca lo sabremos. Pero horas más tarde no consiguió encontrar nada. Y tres horas más tarde, por fín pudimos desembarcar, coger nuestro equipaje libre de sospechas, y pasar el control de pasaporte superando las preguntas de rigor, tales como ¿¿lleva usted más de 10,000 dólares encima??, pero ¿está de coña?, nunca he visto tantos billetes juntos… ¡uff! Empiezo a estar agotada. Sólo me quedaba resolver una cosa: la mala leche del Capi (nombre del Comandante cuando nos sentimos más enrollados), así que aún agotada y aburrida de tanta tontería me tocó seguir sonriendo, decir muchas chorradas, invitarle a tres copas y disculparme unas cuarenta veces hasta que logré que se sintiera el hombre más importante del planeta, aún después de quitarse los galones. ¡Prueba superada!, we love America!, Borned on the 4th of July!, ¿de qué leches estoy hablando?... ¿qué me pasa?

En fín, que me estoy enrollando mucho, y tengo que parar un poco, no sin antes hacer un estudio acerca de lo que puedo sacar en claro del escrito de hoy, imagino que en primer lugar me queda claro que los cuadernos Rubio con los que aprendí caligrafía tienen fecha de caducidad (caducidad por la letra, no por el cuaderno), y que si tengo que ir a Estados Unidos trabajando, mejor pasar antes por Mc Auto, y Mc Menú para todos, la fruta is not welcome

Os dejo. Prometo volver tan pronto como vuelva a pisar mi hogar, porque no, no vivo en el avión… aunque pase la mayor parte de mi vida perdida entre las nubes…